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From Hoy's editorial page 12/09/08
Rebecca Sanchez
Periodista/Columnista

Quienes dicen que para un inmigrante latino con pocos recursos no es posible obtener una educación y una buena profesión, están equivocados. Aunque miles llegan a Estados Unidos sin dinero, con poca educación académica, y sin profesión, todos pueden mejorar sus vidas y las de sus familias si están dispuestos a pagar el precio.

Empezar una nueva vida en otro país requiere muchos esfuerzos, trabajo y sacrificios; primero, hay que lograr ganarse la vida, pero no debemos satisfacernos con sólo sobrevivir. Para la mayoría, tener un techo y comida es una "bendición" suficiente, creen que superarse no es posible y ni siquiera consideran una educación universitaria. Ese es el caso de muchos padres que pretenden darles buenas oportunidades a sus hijos en este país, mas no están dispuestos a luchar por ello, se limitan y, lo peor, limitan a sus hijos. Ponen pretextos como: "No podemos pagar la universidad, no queremos que te vayas lejos de casa, tienes que trabajar para ayudar a mantener a la familia".

Los padres pueden limitar el avance socioeconómico de sus hijos, sin darse cuenta del daño que les hacen, "sin querer queriendo" como dice El Chapulín Colorado. No obstante, hoy esto es inaceptable, porque el mundo ha cambiado y el que no tenga educación se quedará atrás.

Afortunadamente, hay padres valientes que superan temores y obstáculos. Son héroes que sacrifican sus necesidades para que los hijos tengan acceso a otro nivel de vida. En Chicago tenemos ejemplos brillantes de profesionales cuyos padres llegaron como obreros, con grandes sueños para sus familias y ganas de triunfar.

Jaime Guzmán creció en La Villita. Sus padres llegaron de México con poca educación escolar, pero con la ilusión de tener hijos a quienes pudieran darles "una buena educación y un buen porvenir en Estados Unidos", dice Guzmán. Su padre trabajó de mesero y su mamá en fabricas. También, abrieron un negocio de vestidos en la Calle 26.

Guzmán dice que su mamá "siempre fue un buen ejemplo e inspiración porque ella trataba de mejorarse". Sus padres querían darles a sus hijos la mejor educación posible, y aunque tenían pocos recursos encontraron la manera. Con ayuda financiera y trabajando en la escuela a cambio de sus estudios, Guzmán asistió a escuelas superiores. Desde la primaria hasta la universidad, el joven mexicoamericano ha sido un estudiante ejemplar. Dice que su mamá le decía a diario que "fuera bueno y estudiara mucho".

Después de la preparatoria, lo aceptaron a Dartmouth College en Nuevo Hampshire, uno de los mejores del país. Con la ayuda financiera del colegio y del Gobierno, préstamos y una pequeña contribución de sus padres, consiguió su diploma. Pero para él no fue suficiente. Años más tarde volvió por su maestría a la Universidad de Harvard.

Hoy, Guzmán es director de relaciones exteriores en la oficina de nuevas escuelas para Chicago Public Schools. Él dice que esta es su oportunidad para tener un impacto en las comunidades y crear oportunidades de mejoramiento individual.

Hay muchos ejemplos en nuestra comunidad de que el progreso está al alcance; son testimonios de "querer es poder". Quizá sea difícil, pero no hay que dejarse guiar sólo por el camino fácil. Como decía la mamá de Guzmán: "El que no estudia en este país, es porque no quiere". Tampoco olvidemos el mensaje sencillo y poderoso que nos heredo Cesar Chávez: "Sí se puede". Porque si otros pueden, nosotros

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